Mírenlos ahí, miren lo denigrante, lo ridículo... lo penoso de sus vidas. Cuanto somos capaces de dimensionar de aquella perturbante falta de libertad que no da tregua. Hoy me siento mediocre... me quejo de soledad, me quejo de angustia y me quejo de cansancio por la lucha incomprendida, pero ¿y ellos?: los que viven en carne propia el dolor material de verse privados de libertad, de no poder manejar sus propias vidas... los que soportan diariamente el dolor concreto del encierro, de las ataduras, de los golpes, de la falta de alimento... del maltrato y la denigración que los acosa. Ellos son quiénes verdaderamente sufren.
Aunque cada parte de los animalistas esté puesta en ellos en cada acto, físicamente estamos lejanos a esa realidad. Retenemos momentos de ciertas vidas que por azar estan plasmadas en fotografía y videos, como un reflejo que en cuerpos distintos, está dando vida a una situación simultáneamente indistinta en cualquier parte del mundo.
Mi querido amigo Juan K un día lo dijo de la mejor forma en que alguien alguna vez pudo haberlo hecho
"Que fácil que resulta jugar con las palabras, mientras las madres llorar por sus crías asesinadas. Que inútil e impotente sentarse a escribir, y hurgar en los vericuetos de la prosa y la poesía, cuando las celdas encierran la muerte y se derraman los sentimientos en la cripta del dolor, la burla y el cemento..." (http://extravegancia.blogspot.com)
Sé bien que estamos cansados; que la frustración gana en muchos momentos y que cada rincón de este corrompido mundo es ajeno a nuestro ideal. Sé que estamos hartos de tolerar, que a veces pareciera imposible continuar volando a contraviento... que cada esfuerzo esperanzado que conllevan nuestras palabras empaña el alma de impotencia y desesperación cada vez que alguien nos llama "extremistas", "fanáticos" o "locos". Como si se tratará de fanatismo tratar de erradicar la crueldad con que el género humano se apodera, tortura y asesina a otras especies.
La percepción de la razón es subjetiva, pero amoldándonos a lo que la propia naturaleza humana nos dio, conocemos con absoluta convicción que estamos en lo cierto; para muchos contínua tratándose de una opción personal. Y de ese modo todo el respeto que exigen para sí mismos sustentándose en principios y valores sociales se derrumba, reducen la abstención de causar sufrimiento a una opción personal, y no tienen como defender que ese respeto es un absoluto cuando del ser humano se trata y un principio relativo en lo que a otras especies se refiere.
Y continuamos dandole vueltas a eso... porqué una parte de nosotros reconoce que el mundo avanza hacia ello, que la evolución moral pese a todo tiene una tendencia histórica al avance más que al retroceso, pero la cara contraria muestra la muerte segundo a segundo de seres inocentes en el más anónimo e imperceptible de los silencios. Porqué si nos sentamos a esperar la amplitud de conciencia nos sentamos también a tolerar genocidios, torturas, esclavitud, agonía.
Mira al animal con los ojos de quién observa un reflejo de sí mismo
un compañero más en el enigmático misterio de la vida.
Mira al animal con el corazón, con la convicción de que la racionalidad
te hace su protector, no su explotador.
Mira al animal con humildad, con sencillez, con admiración,
después de todo, ha brindado sensatez y aún más sabiduria
a su conservación preservando el equilibrio contra la mano destructiva del hombre...
Mira al animal...
sin subestimar su sufrimiento silencioso
su súplica silenciosa, su anónima valentía,
porqué tras la inmunidad de la costumbre
está la mirada paciente y esperanzada
de hallar en el género humano algo mas que indiferencia...
está la esperanza de que le devuelvas su libertad.
Veganismo es sensatez: es llevar a la práctica la valiente decisión de no arrebatar vida, por el sólo hecho de tener la capacidad intelectual de hacerlo.


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