Los animales no pueden defender sus derechos, lo sabemos. Nosotros debemos ser su voz... y particularmente, si no pudiera expresarme sería bastante molesto tener una especie de "interprete" que no defienda adecuadamente mis intereses. Menos cuando mi situación es - literalmente aplicado al caso - de vida o muerte.
Esta sencilla razón debe llevarnos a ser cuidadosos y reconsiderar nuestros planteamientos una y otra vez en busca de el mensaje adecuado; disponer de información, manejar ciertos conceptos y saber expresarlos son aspectos fundamentales, pero no sirven de mucho cuando hay un veganismo inmaduro y - paradójicamente - egocéntrico.
Un veganismo maduro es inmutable en el tiempo y está asociado básicamente a la idea de respeto. Muchas veces se cae en el error de fundar nuestro activismo en el "amor por los animales", y esto, que no es primera vez que lo menciono, es una forma infantil de justificar algo que no requiere justificaciones sentimentales ni emotivas. Muchos podrán sentir cierta "simpatía" a algunos animales, pero de ninguna manera es posible amar a todos los animales. Del mismo modo en que nosotros como veganos no podemos hacerlos tampoco es dable exigirle "amor" por los animales a la gente que no tiene en cuenta sus potenciales derechos.
Nadie puede exigirme a mi amar a cada ser humano sobre la faz de la tierra, pero si tengo el deber moral de respetarlos.
La frase de Schopenhauer que dice "A los animales no le debemos compasión, sino justicia", es un buen ejemplo de lo que intento señalar. Si pretendemos un respeto universal y absoluto hacia formas de vida sintientes distintas del ser humano, lo primero que tenemos que hacer es fundarlo en una moral no - excluyente. Los animales merecen derechos por una sola y suficiente razón: su capacidad de sentir. No debiera importarnos si alguna persona es capaz de dormir con su perro o dejar que este le lama la cara, de hecho, ni siquiera debiese importarnos si eso lo fastidia de sobremanera. Lo realmente relevante es que no sea capaz de causarle daño, sólo por respeto.
Si nosotros no aclaramos este punto en nuestro discurso entonces profesamos una idea bastante infantil y endeble. Los sentimientos son volátiles muchas veces y no tienen objetividad. A los animales no les sirve el amor de los humanos - salvo a animales como perros y gatos - y además es un discurso contraproducente... después de todo ¿Qué argumento queda frente a alguien que dice que no ama ni le interesan los animales como a ti?. Ninguno, y le encontraría razón.
Otra cosa es la mala información sobre nutrición. En un par de ocasiones me he encontrado con personas que se sorprenden cuando saben que tengo un hijo vegano y me dicen que no pensaban que fuese posible... yo me pregunto entonces que motivos llevan a esa persona a ser vegana (en el mejor de los casos). ¿Es posible sostener el veganismo si creemos que debemos abandonarlo en ciertas etapas de nuestras vidas? ¿Dónde esta la lucha contra la abolición total de la esclavitud animal si piensan que tendrá que seguir existiendo gente que se alimente de animales y derivados?. Manejar algunas cosas, como por ejemplo algo tan básico como que la dieta vegana es apta para cualquier etapa de la vida humana es sumamente necesario. Ni siquiera por cultura, más bien por sentido común, de lo contrario todo lo que hacemos carecería de sentido.
El activismo también debe tener sus reconsideraciones. Muchas veces pensamos en lo que estamos y en lo que no estamos dispuestos a hacer y - en último término - pensamos en lo que realmente sería útil para los animales. A veces por vergüenza, otras por principios incoherentes o por cualquier otra razón, rechazamos o ensalzamos algunas formas de activismo y nos volvemos detractores de otras. Muchas veces no consideramos la repercusión que eso tendría en la vida de los animales y nos centramos egoístamente en nuestras ideas poco productivas para el movimiento.
Cuando pensamos en una acción, debiéramos pensar en las vidas que podemos salvar... y eso no sólo se refiere a acción directa, se refiera a cuantas personas podemos impactar para hacerlas despertar del letargo.
Se podría pensar que para llegar a la gente vale cualquier argumento pero lo cierto es que no es así. Hablar de alimentación saludable o sobreponer la sustentabilidad del planeta no son buenos argumentos, y no lo son porque siguen siendo antropocentristas (en el primer caso) y espantosamente vacíos (en el segundo). Es cierto que el veganismo tiene como elemento añadido ser como dieta sumamente saludable... pero no es exclusiva, lo cierto es que pueden hacerse modificaciones a las dietas carnívoras y adquirir esta característica. Y en caso de no encontrarla, nada obsta a que en el futuro se produzcan animales o derivados con tal o cual característica y que entonces sea justificable comerlos y explotarlos para una "alimentación humana saludable". En cuanto a la defensa del planeta, es tan vacía por sí sola si no se apoya en una idea moral y si se prescinde de ella no entenderemos nunca para que estamos luchando, y ese es el gran problema de los ambientalistas: o dan una lucha antropocéntrica fundada en las próximas generaciones o no saben realmente en que se sustentan sus batallas: no hay motivo más sólido y sostenible en el tiempo para defender el planeta que el reconocimiento de que somos una especie más, entre muchas y que este es el hogar de todas y cada una de ellas y debemos respetar cada uno de sus espacios.
Dentro de la idea de abolir la esclavitud animal, fundada en el derecho intrínseco a la vida y libertad de cada ser sintiente por el sólo hecho de ser tal (sensocentrismo), se pueden usar múltiples formas de argumentación y de acciones... pero si no nos enmarcamos en un imperativo moral nuestros argumentos pueden ir directo al fracaso.
Otras cuestiones más obvias son - por ejemplo - aparejar el veganismo a otro tipo de pensamientos, tendencias, ideologías o como se les llame. En Chile, no sé afortunada o desafortunadamente, mucha gente llega al veganismo por el Straight Edge u otras semejantes. En este caso se compra un paquete ideológico que tiene por condición volverse vegano y si se toma de esta manera, por supuesto que se torna infantil. Prueba de ello es la increíble cantidad de deserción del veganismo y la no menor cantidad de gente que pasa por el activismo y luego desaparece. Algunos de ellos vuelven incluso a comer carne.
El veganismo es una decisión de conciencia y válida por sí misma. No tiene nada que ver con nuestros estados de conciencia personales y hasta donde llegue el respeto por nosotros mismos (como el tema de la vida libre de drogas, muy valorable, aunque no conozca personalmente ni a una sola persona que cumpla con ello). Sólo respeto hacia los animales, totalmente prescindible de otras ideas.
Y algo que a muchos les puede parecer un avance debo ser sincera en decir que a mi me parece infructífero y explicaré la razón: pensar que desde la política o desde ciertas profesiones es posible cambiar el panorama de los animales, o hacer campañas en defensa exclusiva de ciertos animales como perros y gatos. En el primer caso el asunto es un poco más claro y precisa tanta explicación: nuestro trato hacia los animales, la manta de ignorancia, comodidad y costumbre que cubre a la gran mayoría de la población mundial no va a cambiar por un puesto de poder ni por alguna influencia importante, esto requiere de una reinvención, de una revolución de los principios y dogmas de la humanidad. Es mucho más complejo que tener tribuna para dar mensajes o votar una ley bienestarista, es un trabajo constante de todos.
Lo segundo quizás será incomprensible para algunos dado que la forma tradicional de activismo se trata de defensas parciales de animales específicos y son las mismas de las que participo y sin lugar a dudas participaré en cualquier momento, quizás por la imposibilidad de abarcar todo lo que quisiéramos. Hay animales que se vuelven íconos, sean perros o gatos por la sensibilidad que ha generado la convivencia o animales como ballenas o tortugas marinas que en el peor de los casos se han transformado en íconos de moda para los ecologistas. Muchos intentan compatibilizar sus ideas sugiriendo que las cosas deben empezar de a poco, que - por ejemplo - pongan sus energías en ayudar perros y gatos porque si ni siquiera se les respeta a ellos que conviven con nosotros que queda para los demás animales. Ven la liberación animal como una utopía y lo cierto es que con los perros y gatos se ha generado un apego, mientras que con los demás "ojos que no ven, corazón que no siente". Esta vez el planteamiento también genera problemas.
Suelo revisar las cartas de los diarios y el tema de la matanza de animales abandonados es recurrente. Mucha gente dice estar cansada del tema, tacha a los proteccionistas de sentimentales, y dice "no entender" porqué reclaman por su muerte si son una plaga igual que las palomas y las ratas y por ellas nadie dice nada. Y no sé si ellos tendrán una buena respuesta a ello pero al leer una carta así considero que tiene razón. Y ese error ha sido nuestro, de nadie más.
Quiénes piensan que deben comenzar por los perros y gatos, quiénes creen que están pidiendo lo que les parece posible acorde al tiempo que vivimos, están dando un mensaje confuso y del mismo modo, antropocentrista, porque se ha privilegiado a estos animales con una asérrima defensa de sus derechos sólo por convivir circunstancialmente con nosotros, los seres humanos.
Hasta que esta persona que escribe al diario no entienda porqué los perros sí y las ratas no, lo estaremos haciendo mal. Hasta que no sea sólida la base de la defensa hacia los derechos de los animales no habrá un discurso coherente.
Si una acción no obtiene resultados es insensato seguir haciendo lo mismo. Quizás sería bueno reconsiderar nuestras acciones... Empatizar, interpretar su sufrimiento, sentir en carne propia cuales serían nuestras propias expectativas entre tanta miseria. Si queremos ser su voz, intentemos hacerlo bien. Los animales sólo nos tienen a nosotros, si pensamos y trabajamos madurando nuestro compromiso y nuestras actitudes hacia ellos, haremos que nuestro trabajo sea más eficaz.
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