lunes, 12 de julio de 2010

Falacias por la Liberación Animal

Estuve leyendo un clásico artículo de Gary Francione sobre las estrategias pro Liberación Animal, publicado hace bastante tiempo ya en Vegan Outrech. Si bien no comparto algunos aspectos fundamentales de muchas de las posturas de Francione, especialmente de las que suponen el rechazo a ciertas tácticas determinadas por él como "violentas" o a los rescates abiertos, si considero que este artículo tiene aspectos dignos de considerar.

Ya hace algún tiempo se ha venido cuestionando - y no sólo por él - esta especie de "libre albedrío" en cuanto a activismo, donde se mantiene un candente tema como el de la discusión de estrategias bajo las sombras, a la luz de la idea de que cada persona debiera dedicarse a trabajar en el "tipo" de activismo que más le acomode.
Esta postura explica que existan tantas y variadas organizaciones que nacen en puerto común y suelen dividirse y formar otras de manera repetida.
El texto me hizo pensar en la realidad local y en ciertos aspectos que consideraría errores graves en la efectividad de la difusión de nuestro mensaje y en la forma en que es recibido usualmente, en base - principalmente - a la experiencia que hemos tenido en EligeVeganismo.

El hedonismo activista: Aun cuando ingenuamente haya creído alguna vez que dar la lucha por intereses que no nos afectan de manera directa nos alejaba de forma radical de este concepto, he caído en cuenta de que es un error. El hedonismo, la autosatisfacción a través del activismo es una equivocación recurrente, especialmente en personas menores (salvo escasas excepciones) que canalizan toda su filosofía antisistema, su deseo de aprobación social y su rebeldía adolescente en el activismo por los derechos animales, que en realidad se transforma en un activismo vacío, sin ningún fundamento potente que pierde toda credibilidad frente a los demás. Este tipo de actitud no valida la causa y suele dar lugar a confusiones sobre veganismo y lo que entendemos por Derechos Animales. Una de las consecuencias más perniciosas de buscar la auto complacencia en el activismo es que se pierde el objetivo que es buscar actividades eficaces para ayudar a los animales. Para adrenalina, gritos y descargos hay otras instancias, cuando se hace activismo se hace por los animales, no por nosotros mismos.
Esta es en realidad una manera infantil de asumir y afrontar la esclavitud animal.

Las campañas específicas sin enfoque abolicionista: El hecho de centrarse en circos, pieles, ballenas, perros o experimentación no me parece "tan" absolutamente malo como lo considera Francione (aun cuando tiene las cifras y los años a su favor, como citaré al final de este escrito), siempre que se difunda basado en el fin último del veganismo. Las campañas específicas son una buena estrategia cuando logran que la gente reflexione sobre su postura y su forma de vida frente a los animales en todo aspecto, más no cuando quedan sólo en un área determinada que da lugar a un tremendo abismo de dudas e ideas inconexas para quiénes reciben el mensaje.
Al respecto, puede mencionar algunas situaciones interesantes de acuerdo a la experiencia. En los años que he trabajado por los Derechos Animales he estado en campañas contra la experimentación, contra Circos y en Veganismo, y debo decir que la que da menos lugar a dudas, discusiones y reproches ha sido esta última. Mucha gente en las "funas" (forma de activismo más común en nuestro país) escucha gritos medianamente distinguibles, que generalmente restan atención a otros objetos de apoyo como lienzos y afiches (y que derechamente pueden ser contraproducentes cuando quién utiliza un megáfono no tiene idea de lo que está hablando) y suele acercarse para decir cosas como: "¿Y de qué crees tu que están hechos tus zapatos? ¿Acaso no tienes cosas de cuero?, "¿Acaso no comes carne?". Ambas preguntas me las han hecho de forma agresiva y reiterada en actividades contra circos, pieles o experimentos en animales; y es una duda razonable, no resulta entendible la férrea oposición a ciertos actos mientras no se tiene en cuenta otros y lo que buscan las personas que manifiestan esto en las actividades es hacer caer el argumento de la campaña, con justa razón. Sin embargo cuando se habla de veganismo la gente suele asumir un silencio reflexivo, y el rechazo de la utilización de animales para comer conlleva el rechazo de todas las otras formas de explotación de plano, no como sucede en el caso contrario.
Esta es una de las ideas inspiradoras de la campaña EligeVeganismo (Chile) y una de las realidades mejor expuestas a nivel mundial a través de organizaciones que no dan lugar a dudas en sus posturas abolicionistas y precursoras del veganismo. ¿Es posible llevar con éxito una campaña específica y difundir el veganismo al mismo tiempo? Por supuesto que lo es. Igualdad Animal en España es un excelente ejemplo de aquéllo. En el ámbito personal, aun difundiendo cualquier iniciativa contra cualquier forma de esclavitud animal existente y solidarizando con ello, no dedicaría mis energías ni mi tiempo a otro tipo de activismo que no tuviera que ver con el tema desde sus raíces, y la liberación animal requiere indiscutiblemente una forma de vida vegana para ser posible.

El prejuicio de los activismos incompatibles: la oposición a las estrategias violentas y la oposición a la educación pacífica son resultado de años de creencia injustificada entorno al tema de que no es posible hacer ambas cosas juntas y hacerlas bien. Hasta hace no mucho era impensado que una organización consolidada pudiera dedicarse también a las liberaciones o al sabotaje, lo cierto es que no son incompatibles y que es posible trabajar en ambas con éxito, bajo un riguroso sentido de distinción y cautela. Muchas historias de animales explotados y hoy en libertad logran la comprensión del sufrimiento de los animales al mismo tiempo que aseguran un cambio de vida radical para el animal rescatado. Debiéramos ya ir dejando atrás la idea de que las acciones directas son un tema que debe hablarse a oscuras y despacio, sobretodo en Chile, donde actos como estos son prácticamente desconocidos.
Lo mismo sucede desde la vereda contraria, donde se condena a las personas que educan en el veganismo o que realizan actividades pacíficas por no ser lo suficientemente valientes por no realizar acciones más radicales. Gran error y una muestra más de un veganismo infantil es pensar que las acciones se miden en la radicalidad con la que son llevadas a cabo. Ambos prejuicios restan objetividad a la hora de decidir lo que realmente ayuda a los animales.

El sabotaje requiere distinguir el caso a caso: una idea asumida por los activistas es medir la efectividad de sus actos en el nivel de perjuicio que cause a una determinada empresa o lugar de explotación, y esta lógica no tiene sustento cuando se trata de ayudar de manera definitiva y absoluta a los animales. Se asume como una guerra contra las empresas, lo que lleva a - por ejemplo - atacar locales específicos con protestas o bien realizar acciones clandestinas contra ellas. Sobre esta última me detendré en seguida.
La acción directa de sabotaje (todas aquéllas que implican la destrucción de propiedad y no las liberaciones) requiere ser distinguida en cuanto a efectividad, más allá de lo que la excesiva pasionalidad de muchos les haga pensar que es correcto. Es necesario para esto recordar - una vez más - que el trabajo es para los animales, y no para ponerse a prueba uno mismo y ver cuando y como me atrevería a romper los vidrios de un Mc Donalds. El sabotaje debiera estar siempre encaminado a dejar un mensaje lo más claro posible no sólo al explotador (que por ganar dinero a costa de ello probablemente no esté interesado en el sufrimiento de los animales) sino también - y muchísimo más importante - a la sociedad. Los rayados poco claros (carne = muerte) acompañados de la destrucción de locales o de daños menores no tienen ninguna relevancia más allá de un gasto en pintura y la marginalidad de quiénes lo realizan a los ojos de los demás. Si se busca alguna repercusión con ello es muy posible que sea un error. Esto no quiere decir que toda forma de sabotaje sea inútil, pero si que es legítimo y aconsejable discriminar el caso a caso y decidir objetivamente si a través de ese acto es posible influir positivamente en la situación de los animales.

Para cerrar, cito a Francione en un dato que me parece no menor para los desafíos que enfrentamos y para esa obligación que tenemos de tomarnos este trabajo en serio.

"Durante el tiempo que el movimiento de derechos animales ha sido visible en EEUU (desde aproximadamente 1980), los activistas por los derechos animales han parado algunos abusos, han recibido la atención de los medios de comunicación, y se han convertido en uno de los pilares de la cultura pop. Sin embargo, después de dos décadas, con cientos de millones de dólares gastados y un número similar de horas de trabajo dedicado, este año en EEUU casi el doble de animales serán matados que en 1980.

En EEUU, dada la cantidad de animales no humanos que están sufriendo, la intensidad de su sufrimiento, y el hecho de que se les provoca el sufrimiento intencionadamente, creo que la liberación animal es el imperativo moral de nuestro tiempo. Deberíamos centrar nuestra atención en acabar con este sufrimiento de la manera más eficiente y rápida posible.

Creo que tenemos la obligación moral de reconocer y dejar de lado todo nuestro bagaje personal y realizar un análisis objetivo tanto de los pros y contras como de los costes y beneficios asociados al enfoque que elegimos, las tácticas que escogemos, y el ejemplo que decidimos mostrar al publico."


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